NIÑO FÓSIL en Quito

El tremendo monólogo de Albert Tola ha cruzado el océano Atlántico hasta la República de Ecuador donde el Teatro Variedades Ernesto Albán de Quito ha sido testigo de una nueva encarnación de esta peculiar criatura.

 

 

 

 Mª Elena Mexía vuelve a dirigir con equipo americano en esta ocasión y Alex Altamirano interpreta al protagonista de esta pieza que NIGREDO produjo en sus anteriores versiones barcelonesa y madrileña.

                                     

Anuncios

ALBERT TOLA: LOS NIÑOS OSCUROS DE MORELIA

Durante la Guerra Civil Española, en un barco repleto de niños exiliados que navega hacia la ciudad de Morelia, México, dos adolescentes celebran juegos mortales para tratar de evadirse de su contexto por medio del fantasioso y macabro mundo que han creado entre los dos. En los juegos, emerge la terrible cotidianidad de la vida de los 454 niños del barco, así como, por medio de un oscuro mecanismo, la premonición de lo que les espera: el franquismo, la oligarquía derivada de la transición, la corrupción contemporánea, los maltratos del orfanato en el exilio y las cartas de los padres arrepentidos, las historias de las víctimas del director del internado, un hispanófobo antirrepublicano. Durante estos juegos, poco a poco, las verdaderas necesidades e intenciones de los dos muchachos reclaman su espacio.

pabloygracián3

La red firme e invisible que propone Albert Tola en Los niños oscuros de Morelia me atrapó desde la primera lectura. Trazar el juego teatral sobre ella es un auténtico placer. El texto es claro y generoso y, sin embargo, al desplegar su juego tienes la certeza de ir al encuentro con lo desconocido. Su escritura es extremadamente precisa y consciente: desde el léxico y el estilo, el uso de las expresiones y de los registros de los personajes hasta la arquitectura de las escenas. A su vez, su discurso y su pensamiento son críticos, profundos, trascendentes. Nada en la pieza es banal. Cada juego deviene metáfora del siguiente y todos los juegos, así como los juegos del juego, se proyectan en esferas sucesivas, “sin superposición ni transparencia”, como en un aleph. Su reflexión nos enfrenta a una verdad y a una mentira. La verdad de lo que no queremos ver, la mentira que consiste en afirmar que esa verdad no existe.

Los niños oscuros de Morelia es un texto sobre la memoria y sobre el amor; una pieza sobre una traición, sobre un juego de consecuencias fatales, sobre volver atrás y abrir la puerta para poder cerrarla un dia, tal vez definitivamente. Funciona como un espejo y como tal te confronta y te devuelve el reflejo, hecho que siempre es incómodo. Y desata la risa. Hay mucho humor en el texto: el punto de vista sobre los personajes y sobre las situaciones siempre trata de aligerar la pesada carga que este contiene.

Dos personajes o, mejor, dos figuras humanas, Pablo y Gracián, también se miran el uno en el otro como en un espejo; la necesidad de uno hace aparecer al otro; la traición es recíproca a su vez y también de cada uno consigo mismo. El encuentro entre Pablo y Gracián es también un encuentro en un lugar imposible. Y se trata de un juego definitivo, peligroso, necesario: un juego doloroso. Los dos personajes necesitan del juego, los dos están disconformes con el status quo y con el resultado que, gane quien gane, es imposible también. Alguien perderá o, en el peor de los casos, perderán los dos. La tragedia es el único final posible.

ELENA FORTUNY

https://ovejasmuertas.wordpress.com/2018/04/08/3672/